Quijote, Sancho. Sancho, Quijote

Jun 27, 2023

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El título de ese artículo era parte de la canción de una serie mítica de Radio Televisión Española: Don Quijote de la Mancha.

En la hemeroteca de RTVE sólo he encontrado un capítulo, en la cabecera de todos ellos se puede escuchar la canción.

( para los melancólicos: https://www.rtve.es/play/videos/programas-y-concursos-en-el-archivo-de-rtve/don-quijote-mancha-serie-dibujos-animados-1979/456348/ )

Esta introducción viene a cuento de este titular que recientemente algunos compañeros de cuidados paliativos han comentado.

Se trata de una entrevista al doctor Eduardo Bruera en la que nos define como especialidad quijotesca.

Recientemente el profesor Bruera ha sido nombrado doctor honoris causa por la UIC, una buena noticia para todos los profesionales de este ámbito, hay numerosas entrevistas con él en estos días pasados, os recomiendo leerlas, son muy motivadoras y educativas.

Inicialmente me pareció una buena analogía, pero después estuve reflexionando y no me acaba de convencer, a ver si me explico.

Empiezo, como hago otras veces, por ver cómo define la RAE el adjetivo quijotesca , como en tantos adjetivos te remite al sustantivo del que se deriva: quijote.

En el diccionario de la RAE, de esta acepción, me quedo sólo con una de ellas, la que alude al concepto que el profesor Bruera quiere usar como analogía de nuestra especialidad, dice así:

«Hombre que, como el héroe cervantino, antepone sus ideales a su conveniencia y obra de forma desinteresada y comprometida en defensa de causas que considera justas.»

No creo que le falte razón a don Eduardo, muchos profesionales de cuidados paliativos ejercen su tarea profesional de forma desinteresada, con un compromiso que supera a todas sus conveniencias profesionales, sus necesidades personales, y en muchas ocasiones incluso las de sus familias. Así lo viví yo cuando, allá por el año 1997, descubrí la medicina paliativa de mano de dos Quijotes, ellos dentro de su servicio (que no era de paliativos) atendían el final de la vida de muchas personas enfermas, y a sus familiares. Allí recuerdo apuntarnos a un curso a distancia de cuidados paliativos, del I.C.E.P.S.S., ¡todavía guardo los libros y la cinta VHS!, lo hacíamos para ir afianzando conocimientos y creando un buen currículo profesional (para cuando lo hubiera oficialmente, ¡qué quijotes!). Esos dos quijotes tenían dos teléfonos móviles que habían comprado juntos (sus números se diferenciaban sólo en un número) para estar disponibles para los pacientes que atendían, dentro y fuera del horario laboral. Me acuerdo de ir un día con uno de ellos, en su Rocinante (creo recordar que era un R19) , cual Sancho (por entonces no tenía panza 😉 ) a cuidar a un niño que vivía en un pueblo en las afueras de Sevilla. Lo hacíamos por la tarde, fuera del horario laboral, lo hacíamos porque aquel molino de viento, que era su madre,  necesitaba que le soplaran esperanza y aquel niño pudiera descansar en paz. Todo aquello era quijotesco: el curso, el móvil, los kilómetros, el coche, todo aquello era de la hacienda de aquellos quijotes, el servicio de salud total no llegaba a aquel lugar. Todo aquello era justo, y necesario.

Por aquella época, mi tía Pepa, sufría una enfermedad en fase paliativa, aquellos quijotes trabajaban en otro hospital, en el de mi tía no había quijotes. Mi tía Pepa me tenía sólo a mi, pobre Sancho (R2 de geriatría debía ser en aquellas fechas), aprendiz de quijote, lo hice lo mejor que supe, no debía ser yo, yo debía ser su sobrino querido no su médico.

Más de 25 años después, todavía, a pesar de que nos hemos dado una Ley de Derechos y Garantías de las Personas ante el Proceso de la Muerte , todavía,  el #derechoapaliativos no está garantizado, y nuestra justicia depende de muchos quijotes que anteponen su vocación a su conveniencia, la necesidad del paciente y su familia a la suya propia.

Quería finalizar con esta cita de la imagen, que me gusta mucho, y que curiosamente, escribiendo este artículo, he sabido que no es del libro de don Miguel de Cervantes, sin embargo, creo que no deja de ser bonita. La uso porque me resulta muy apropiada para mi mensaje.

 

Quizás deberíamos dejar de complacernos en que nos consideren de este modo, que nos consideremos así nosotros mismos, «los de paliativos», como quijotes. 

A veces temo al llamado «profesionalismo» y reclamo profesionales con vocación, a veces no se qué pensar. No quiero sentirme quijote, hoy no, quizás mañana.

Lo que ocurre, en mi caso, es que resulta difícil defender esta idea y hablar de este modo, mientras lo haga desde CUDECA; porque estoy dentro de la novela.

Estoy trabajando dentro del molino de viento, como profesional, porque una quijote «guiri» cuando vio el gigante no dudó en embestirlo y convertirlo en el molino de viento que tritura el dolor y el sufrimiento.

Rafael Gómez García. Médico.

A veces Sancho, a veces Quijote.

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