Ética en el tratamiento del dolor en Cuidados Paliativos

El Dr. Jacinto Bátiz, presidente de la Comisión de Deontología del Colegio de Médicos de Bizkaia y Jefe del Área de Cuidados del Hospital San Juan de Dios (Santurtzi-Bizkaia), reflexiona en este artículo sobre la ética en el tratamiento del dolor en Cuidados Paliativos.
Una interesante propuesta de lectura que el mismo autor resume en estas líneas:
La bioética debiera propiciar el marco necesario para la buena práctica clínica en el
tratamiento del dolor en todas sus vertientes, entendida ésta de forma amplia, ya que
repercutirá en el bien del paciente y en sus derechos, que es a lo que todos aspiramos
desde el ámbito sanitario y desde la propia comunidad a la que servimos. (82) El
médico que se enfrenta a tratar el dolor debe actuar en beneficio del enfermo,
ofrecerle la mejor analgesia posible y buscar los medios más eficaces y de menos
riesgos para tratar el dolor, en otras palabras, debemos ser beneficientes. Pero, más
que las siete mil palabras que he empleado en este artículo, tal vez les motive para
aliviar el dolor de sus enfermos las diez palabras que empleó D. Gregorio Marañón (83)
cuando dijo: “un dolor curado justifica toda la vida de un médico”.”
 
Leer el artículo completo del Dr. Jacinto Bátiz. 
 

Expertos abogan por dotar la atención al final de la vida de más humanismo y menos "tecnociencia"

Con el objetivo de contribuir a concienciar sobre el papel que los profesionales sanitarios tienen en promover la mejora de las condiciones en que mueren las personas se celebró una mesa redonda sobre la Deontología al final de la vida, en el marco de las XI Jornadas de Comisiones Deontológicas de Colegios de Médicos. El punto de partida con el que se abrió el coloquio fue el capítulo 7 del Código Deontológico, dedicado, precisamente a este apartado. Sus intervinientes coincidieron en que la atención a las emociones del paciente terminal es clave en la calidad de los cuidados al final de la vida, y abogaron por dotar esta asistencia de más humanismo y menos “tecnociencia”.

La mesa redonda estuvo moderada por Juan Antonio Garrido, miembro de la Comisión de Deontología del Colegio de Médicos de La Coruña, y contó con la participación de Irene Esperón, psicóloga clínica de la Unidad de Cuidados Paliativos del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo; Marcos Gómez Sancho, presidente de la Comisión Central de Deontología de la OMC; y Miguel Ángel Ripoll, médico en el Centro de Salud Ávila Rural, quienes basaron su exposición en sus experiencias difundidas desde una perspectiva pedagógica.

El presidente de la Comisión Central de Deontología de la OMC comenzó su exposición con un repaso la labor realizada en los últimos años la Organización Médica Colegial sobre la atención al final de la vida, a través de un Grupo de Trabajo creado conjuntamente con la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), entre los que cabe destacar:Declaración sobre atención médica al final de la vida (2002);Atencio?n me?dica al final de la vida. Conceptos (2002);Declaración sobre atención médica al final de la vida (2009);Atencio?n me?dica al final de la vida. Conceptos (2009); Declaración sobre cómo dar bien las malas noticias en Medicina (2010);Declaración sobre Ética de la sedación en la agonía (CCD 2009);Guía de la sedación paliativa (2012); Recomendaciones ante el Proyecto de Ley de Muerte Digna; dos cursos de Cuidados Paliativos en línea (FFOMC);Jornadas sobre atención al final de la vida desde la perspectiva humana, médica y jurídica (2012); y una serie de documentos sobre “Los Valores de la Medicina en la Investigación, en la Asistencia Sanitaria y en la Universidad” (2008).

A continuación comentó como los avances de la Medicina han influido en la atención al final de la vida, de tal forma que “se ha pasado del desahucio al enfermo terminal, a la obstinación terapéutica que, por lo general, aterroriza a los ciudadanos”. De hecho, según datos de un estudio norteamericano al que se refirió el doctor Gómez Sancho, “más del 50% de los enfermos terminales murió en una Unidad de Medicina Intensiva con ventilación mecánica y con dolor moderado a intenso; a un 24% se le practicó un intento de resucitación cardiopulmonar; y un 55 por ciento, falleció con sonda de alimentación forzada.

Como recordó el presidente de la CCD, el Código Deontológico está en contra de este tipo de prácticas, tal como reza el artículo 36.2, según el cual: “el médico no deberá emprender o continuar acciones diagnósticaso terapéuticas sin esperanzade beneficios para el enfermo, inútiles u obstinadas.Ha de tener en cuentala voluntad explícita del pacientea rechazar dicho tratamientopara prolongar su vida.Cuando su estado no le permitatomar decisiones, tendrá en consideracióny valorará las indicaciones anteriormente hechasy la opinión de las personas vinculadas responsables”.

Otro de los aspectos abordados por el doctor Gómez Sancho fue la “tanatofobia social” que embarga a la sociedad actual ante la muerte. “La muerte se ha convertido en la actualidad algo privado y clandestino, hay una tendencia a esconderla, la gente muere mayormente en los hospitales y después se la traslada a los tanatorios, ante el incremento de las dificultades de morir en el propio domicilio y la pérdida paulatina de costumbres como la de establecer el velatorio en la casa del fallecido”, según expuso.

En este sentido, este experto señaló que cuando la sociedad retira todos los mecanismos informales que tiene para ayudar a la persona que atraviesa un dueloa superar esa pérdida, se corre el riesgo de que esta situación se transforme en enfermedades, es por ello que nos encontramos ante un problema de salud pública para el que se requiere la creación de “programas de atención en el duelo”.

Por otra parte, se refirió a los posibles efectos que la crisis puede ocasionar sobre los cuidados paliativos, partiendo de los recortes que se están produciendo en todos los ámbitos de la asistencia sanitaria, y es en la etapa final en la que se origina una mayor demanda asistencia y consumo de recursos, ante lo cual, como afirmó, “nos da miedo que la eutanasia acabe abaratándose y desemboque en su legalización”.

A este respecto, anunció una próxima reunión del Grupo de Atención al final de la Vida con el fin de impulsar junto con las autoridades sanitarias un Programa Nacional de Cuidados Paliativos con el fin de poder desarrollar al máximo este tipo de asistencia en toda España, y permita consolidar una buena red de servicios y formación de los profesionales ante una posible amenaza de legalización de la eutanasia. Y es que como afirmó, “la experiencia demuestra que cuanto mejor esté atendido y se le ofrece este tipo de cuidados paliativos, la demanda de eutanasia desciende considerablemente”.

La psicóloga clínica Irene Esperón reflexionó, por su parte, sobrela comunicación como habilidad esencial para la excelencia en la práctica clínica. En este sentido, defendió que la comunicación se ha convertido en una habilidad esencial en la Medicina moderna, la cual ha de obedecer a unos principios bioéticos y establecerse dentro de un marco deontológico propio de la profesión. “Si en cualquier especialidad médica la comunicación es especialmente relevante, cuando se trata de la atención al final de la vida dicha comunicación adquiere una dimensión especial, puesto que los cuidados paliativos se desarrollan en un ámbito de vulnerabilidad humana extrema, donde las habilidades de comunicación han de ser exquisitamente excelentes con el fin de poder minimizar el sufrimiento de estos enfermos”.

Una de las mejores armas terapéuticas, desde su punto de vista, es el equipo interdisciplinar en cuidados paliativos que permitan mirar al ser humano como “un poliedro con sus necesidades y con sus problemas”.

Esperón, defendió, de esta forma, la importancia de “individualizar” la forma de tratar a los pacientes que están en la fase final de su vida. Además, abogó por enfocar la cuestión desde sus distintas caras, para lo que resulta fundamental la formación de equipos interdisciplinares, de modo que se atienda tanto a los aspectos propiamente médicos como a los piscológicos o a los sociales. Para lograr el correcto funcionamiento de este sistema, apostó por establecer un “lenguaje común” entre los distintos profesionales, y lamentó que no haya más formación y cultura en el ámbito del trabajo en equipo.

El doctor Miguel Angel Ripoll, disertó sobre los “conflictos éticos en la atención domiciliaria al final de la vida”, una etapa en la que si bien las buenas prácticas médca no difieren en los distintos niveles asistenciales si tienen algunas peculiaridades. Estas buenas prácticas se concretan, en su opinión, en una buena relación médico-paciente, una adecuada comunicación e información, una adecuación de los procedimientos diagnósticos y terapéuticos al pronóstico y voluntad del paciente, un buen control del estado del enfermo, y un respeto a sus preferencias y valores, así como un correcto apoyo a la familia, entre otros.

En otro momento de su intervención aseguró que en el medio rural, donde él ejerce, aún es relativamente frecuente que los pacientes fallezcan en su propia casa. Sin embargo, como afirmó, “en los últimos cinco o diez años, la muerte se ha alejado del domicilio, porque los enfermos o sus familiares consideran, muchas veces que en él hay deficiencias para prestar atención al final de la vida”.

Aseguró, además, que “el sistema sociosanitario precisa de cambios importantes para dar una respuesta adecuada a las necesidades y demandas de la población en el momento de fallecer”.

Concluyó con la opinión de que “existe bastante margen de mejora en las condiciones en que mueren las personas, ante lo cual habría que ofertarse servicios de calidad tanto técnicos como humanos, adaptados a cada situación particular.

Fuente: MedicosyPacientes.com

Un 20% de los pacientes ingresados en grandes hospitales precisan cuidados paliativos

Un 20 por ciento de los pacientes ingresados en grandes hospitales precisan cuidados paliativos, según ha asegurado el director de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Sant Pau de Barcelona, Antonio Pascual, durante su participación en un curso organizado por la Universidad de La Coruña y promovido por la Dirección de Asistencia Santaria del Sergas.

Allí, el experto ha recordado que este tipo de asistencia integral al final de la vida habitualmente se ha centrado en hospitales socio-sanitarios o de media-larga estancia. “Existen numerosas evidencias científicas del importante alivio ofrecido por los equipos de cuidados paliativos tanto en el domicilio como en el hospital”, ha señalado para recordar que la Sociedad Europea de Cuidados Paliativos “recomienda que existan entre 80-100 camas de cuidados paliativos por cada millón de habitantes, un equipo domiciliario por cada 100.000 habitantes y un equipo paliativo en cada hospital con más de 250 camas”.

De hecho, la Estrategia en Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud estima que entre el 50 por ciento 65 por ciento de las personas que fallecen en España necesitarán cuidados paliativos. “Todos los profesionales que atienden a estos pacientes tanto en Atención Primaria como en hospitales deben estar preparados para ofrecer estos cuidados”, ha destacado Pascual.

Además, ha proseguido, en situaciones de complejidad deben intervenir los equipos específicos de cuidados paliativos. La complejidad viene determinada fundamentalmente por situaciones clínicas difíciles como dolores y otros síntomas intensos, urgencias, crisis de angustia existencial, dificultades para el cuidado familiar o conflictos éticos.

Asimismo, durante la reunión ha intervenido el coordinador de la Estrategia Balear de Cuidados Paliativos y coordinador del Grupo de Espiritualidad de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), Enric Benito, quien ha asegurado que el modelo biomédico que predomina en la atención sanitaria en general, e “impregna” también los cuidados paliativos, se ha centrado fundamentalmente en los aspectos orgánicos de la enfermedad y sólo recientemente está apareciendo un interés creciente por explorar y atender las dimensiones subjetivas del proceso de enfermar y de morir.

“El ‘dolor total’ o sufrimiento, tiene aspectos que no pueden ser tratados y aliviados con los fármacos habituales. El dolor y el sufrimiento nos demandan aproximaciones e intervenciones completamente diferentes. El cambio más importante es descubrir que ante el sufrimiento no hay que actuar, no es algo que podamos resolver con un tratamiento, no responde a la categoría de los problemas”, ha señalado Benito.

Dicho esto, ha destacado la necesidad de que en el entorno de los cuidados paliativos se traten a las personas desde una perspectiva “integral”, facilitando las condiciones necesarias para que intentar que el final de la vida sea “sin dolor” y sin “miedo”.

Fuente: Europapress.es

Expertos en cuidados paliativos prefieren decidir con el enfermo mientras es posible que atender su voluntad anticipada

MADRID, 23 Abr. (EUROPA PRESS) –

Los expertos en cuidados paliativos prefieren hablar con el enfermo del problema que tiene y tomar una decisión junto a él “en ese momento” que de atender a las voluntades anticipadas que hizo “cuando esa persona estaba sana”. Esto disminuye su sufrimiento y mejora su situación, frente a los que permaneces ignorantes de su diagnóstico.

Así lo ha asegurado a Europa Press la responsable académica del Centro de Formación del Hospital Centro de Cuidados Laguna de Madrid, la doctora Encarnación Pérez, que además es la coordinadora científica de la jornada ‘Reflexiones éticas al final de la Vida’, que ha organizado la Fundación Vianorte-Laguna este miércoles, 24 de abril.

A su juicio, es “en el momento concreto” cuando hay que preguntarle al paciente qué le gustaría. Por ello, sostiene que “lo idóneo” es trabajar con el paciente tiempo antes de que se llegue a un grado de inconsciencia, para así “conocerlo y preguntarle que es lo que querría en ese caso”.

Para ella, esto es posible, ya que “habitualmente los problemas se van viendo venir” y se puede conocer la voluntad del enfermo antes de que estos se agraven. De cualquier forma, la especialista, que asegura que las voluntades anticipadas sí prevalecen a la opinión de los familiares, señala que hay unas 100.000 personas que las han registrado, “lo que supone menos de un cuatro por ciento del total de la población”.

No obstante, “más del 50 por ciento de los pacientes con enfermedad avanzada desconoce su diagnóstico”, tal y como exponen los expertos, circunstancia que Pérez achaca a que, “en algunos casos, están superprotegidos por los familiares”. Así, explica que, debido a que la familia no quiere que se les comunique noticias malas, los pacientes no conocen su situación”.

En su opinión, es necesario informar a los pacientes ya que, según diversos estudios “el 62 por ciento de los pacientes a los que se les comunica su estado ve como su sufrimiento disminuye y como su situación mejora”. Por ello, subraya que “es una pena” que no se llegue a ese conocimiento.

EL PACIENTE DEBE DECIDIR QUÉ INFORMACIÓN RECIBE Y DE QUE FORMA

Lo más óptimo a su parecer es que sea el paciente el que decida que información recibir y como hacerlo, sea sólo o en compañía de sus allegados. Además, Pérez expone que “hay un alto porcentaje de pacientes que prefiere informarse directamente por parte del médico, para así contrastar dudas”.

Por su parte, los profesionales siguen un protocolo que consiste en “estudiar en equipo los beneficios y perjuicios de una decisión, informar al paciente dando una recomendación y llevar a cabo la decisión de éste”, manifiesta. A su juicio, el enfermo es “el objeto y el sujeto de la decisión”.

Sin embargo, éste tiene derecho también a no ser informado si esa es la opción que demanda. Sea cual sea su decisión debe quedar constancia en la historia del paciente para que sea del conocimiento de otros profesionales que participan en su abordaje.

En este sentido, Pérez indica que éste es “imposible” desde el perfil de un solo profesional, por lo que participan en él “las cuatro esferas de los cuidados paliativos, la espiritual, la social, la física y la psicológica”. En ello, cada sanitario aporta “su granito de arena”, como es el caso del enfermero, que es “el que realiza la primera valoración del paciente”, señala.

Por último, la coordinadora científica de esta jornada para la que hay inscritos ya 170 profesionales y que despierta “bastante interés en la población sociosanitaria”, destaca los cuidados paliativos y su “gran relevancia”. Éstos favorece que una persona en sus últimos momentos “continúe tratada en la excelencia y pueda morir con un gran confort, en paz y con sus seres queridos”, explica.

Además, afirma que también son importantes para los familiares al hacer que todo el proceso de enfermedad culmine “atendiéndoles idóneamente”. Por ello, asegura que se les ofrece ayuda psicológica, y consejos si son ellos los que atienden al enfermo en el domicilio o, una vez fallecido el paciente, para llevar “un duelo normalizado”.

Fuente: Europapress.es

“Los cuidados paliativos son un derecho que debe ser atendido”

Ricardo Martínez Platel. Madrid
“Más del 50 por ciento de los pacientes no están informados convenientemente acerca del diagnóstico de la enfermedad en fase avanzada” según destaca Javier Rocafort, director Asistencial del Hospital Centro de Cuidados Laguna. Este es uno de los motivos que les ha llevado a organizar la jornada ‘Reflexiones éticas en la práctica clínica: Toma de decisiones en Cuidados Paliativos y Alzheimer’ que se celebra este miércoles

Javier Rocafort, director Asistencial del Hospital Centro de Cuidados Laguna, y Encarnación Pérez Bret, coordinadora de la jornada.

La coordinadora de la cita, Encarnación Pérez Bret, subraya la relevancia del papel de las voluntades anticipadas en la toma de decisiones frente a la enfermedad. Aunque, “no hay estudios lo suficientemente perfilados en este ámbito,  el dato que se maneja es que hay unas 100.000 voluntades anticipadas registradas en una población de alrededor de 47 millones, por lo que no se llega al 4 por ciento”, apunta Pérez Bret.

Sin embargo, como explica la coordinadora de la jornada “en cuidados paliativos somos partidarios de la toma de decisiones in situ, porque es lo que otorga mayor beneficio al paciente. Se le plantea el problema, las posibles soluciones y nos ajustamos a la que es más acorde con su parecer. Ante estas situaciones, vemos que indicación clínica es la adecuada y tratamos de avalar cuál es la mejor y advertir de los problemas o efectos secundarios que pudieron surgir”.

Encarnación Pérez Bret  comenta que los profesionales “somos partidarios de prever este tipo de situaciones, porque muchos de estos problemas se pueden atisbar. Entonces se le puede plantear al paciente si en algún momento, llegado un punto determinado, qué es lo que le gustaría que se hiciera”. Aunque el testamento vital es una solución a los posibles conflictos que puedan surgir, Pérez Bret  entiende que “las personas cambiamos mucho de opinión. En ocasiones, es muy diferente tomar decisiones en frío y en un estado de salud óptimo a cuando uno está enfermo. Muchas veces las personas se adaptan a las circunstancias y valoran pequeñas cosas. Está bien dejar claras las voluntades anticipadas, pero las perspectivas cambian”.

Una de las medidas que quedaron aparcadas con el adelanto electoral que supuso la llegada del Partido Popular al Gobierno fue una ley sobre la atención al final de la vida.  Pérez Bret ha comentado a Redacción Médica que “según nos han informado, el Ministerio trabaja en una ley de cuidados paliativos. Sería importante que se trabaje en la cartera de servicios y que todos los enfermos que los precisen tuvieran esa atención. Ahora mismo esto no ocurre. En este momento hay 250.000 pacientes que necesitan cuidados paliativos, 125.000 de forma específica, y se llega solo a 60.000. Los cuidados paliativos son un derecho que debe ser atendido. En esa norma también debería figurar la formación de los profesionales, porque ahora mismo no hay nada que regule este aspecto y ello obliga a que cada uno intente buscar su mejor preparación, pero no hay una exigencia de que una plaza laboral esté ocupada por alguien bien preparado”.

Fuente: Redaccion Medica