El SAS ofrece una guía para profesionales de la salud ante situaciones de duelo

El duelo por la muerte es un proceso que deben enfrentar tanto los familiares y allegados a la persona que fallece como los profesionales sanitarios que han acompañado y aliviado al paciente en la última etapa de su vida. La sensación de pérdida es algo inherente al ser humano. Por ello, todos necesitamos disponer de recursos para sobrellevar esta situación, que no tiene por qué ser negativa. De hecho, bien analizada, puede proporcionar alivio.
Con la intención de surtir de herramientas que sirvan de apoyo a este ineludible sentimiento de ausencia, el Servicio Andaluz de Salud, a través de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, ofrece una interesante ‘Guía para profesionales de la salud ante situaciones de duelo’, acompañada de un anexo dirigido a todos aquellos que han estado cerca de la persona enferma hasta el final.
El documento ha sido redactado para ofrecer al personal sanitario elementos y argumentos que sirvan para calibrar las diferentes intervenciones que los profesionales tienen la posibilidad de poner marcha ante el conflicto o la lucha que supone estar inmerso en esta etapa.
Dentro de estas páginas, se propone trabajar tanto en la capacitación actitudinal como en las aptitudes y conocimientos susceptibles de mejorar la forma de asumir dicha realidad. Algunas de estas reflexiones aluden al mito de la inmortalidad, la desmedicalización del duelo, las peculiaridades en el tratamiento de la población infantil o las consecuencias de un duelo mal elaborado.
Asimismo, se incluyen casos clínicos de perfiles con relación de parentesco familiar y afectivo, como el padre, la madre, el hijo o el amigo, respecto al ser querido que ha fallecido.
La guía está enmarcada en la Línea Estratégica del PISMA o ‘Atención a la salud mental de la población andaluza’.
Consulta el documento completo vía online en este enlace.
Foto: artmemori.com

La APA considera el apoyo del entorno y el autocuidado claves para afrontar el duelo

Cada persona reacciona ante la muerte de un ser querido de forma diferente. Sobrellevar esa pérdida, según la psicología, puede ser uno de los retos más importantes de la vida, pero también podría darle un nuevo sentido a nuestra existencia.
Sabemos que este momento forma parte del desarrollo vital, aunque en numerosas ocasiones  lo que supone vivir con esa ausencia puede provocar periodos de tristeza que se extienden en el tiempo, sensación de confusión y depresión.
Las habilidades que se ponen en marcha en estas situaciones están directamente relacionadas con la resiliencia, un término que en el ámbito psicológico alude a la capacidad propia para controlar y superar vivencias traumáticas.
Esta capacidad es la que puede conseguir que nos sintamos preparados para continuar con nuestras actividades cotidianas. Seguir hacia adelante significa crear mecanismos individuales que nos permitan continuar con nuestra vida a pesar de las adversidades.
Según la American Psychological Association (APA), vivir esta experiencia no sólo depende del transcurso de un periodo concreto y medible o de unas ‘fases’ predeterminadas que uno debe completar.
La asociación, que se define como el colectivo de psicólogos más numeroso a nivel internacional y promueve la investigación en la disciplina, asegura que entre los aspectos clave a cuidar para que el paso del tiempo (único en cada individuo) alivie el sufrimiento, están en el apoyo que el entorno social brinde a la persona que vive esta pérdida acorde a sus necesidades y en el mantenimiento de hábitos saludables.
La APA propone una serie de estrategias para enfrentar el duelo, para lidiar con esa percepción de vacío, entre ellas, hablar sobre la muerte del ser querido, fomentar el autocuidado y el cuidado de los demás o la realización de alguna acción que rememorará gestos o inquietudes que se saben importantes para la persona que se fue.
Leer el articulo completo en apa.org
Foto: Blog Casapia.com

Gonzalo Brito: "El cultivo de la compasión debería constar en el currículo de toda profesión que implique la relación con otros"

Por María Arango
Gonzalo Brito Pons es Psicólogo Clínico por la Pontificia Universidad Católica de Chile y doctor en psicología del Instituto de Psicología Transpersonal (Palo Alto, EEUU). Instructor certificado y supervisor para el programa de ‘Entrenamiento en el Cultivo de la Compasión’, de la facultad de Medicina de la Universidad de Stanford. Actualmente desarrolla su trabajo en Granada, tanto en psicología clínica como en  programas basados en mindfulness y compasión.
 Ponente en el Congreso Internacional de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, Secpal 2016, nos hablará en Sevilla el próximo sábado 14 de Mayo del Cultivo de la Compasión.

  • La compasión, por su acepción general, puede resultar un término confuso, relacionado con sentir lástima o pena por los demás, ¿cómo lo explicaría dentro de la psicología?

 La compasión es el reconocimiento del sufrimiento cuando está presente (en vez de la evitación o negación del sufrimiento) unido al deseo genuino de intentar aliviarlo y prevenirlo. En este sentido, en la compasión hay dos aspectos centrales interrelacionados: el primero consiste en la sensibilidad y apertura al sufrimiento, y el segundo es la  motivación a hacer algo al respecto.
 La verdadera compasión no es lástima, ya que en la lástima existe un diferencial de poder. Si te miro con lástima no veo (ni te ayudo a que veas) tus propios recursos y te sitúo en una posición de dependencia en la cual pierdes tu dignidad, lo cual va a perpetuar, en vez de aliviar, tu sufrimiento a largo plazo. La compasión busca el real alivio del sufrimiento.

  • ¿Cómo complementa a otros aspectos del mindfulness?

 La compasión no es un aspecto de mindfulness sino que, al contrario, mindfulness –nuestra capacidad de prestar atención al momento presente, a nuestras experiencias internas y externas sin juzgarlas- es una condición para la emergencia de  la compasión. Tiene que ver con el primer aspecto que nombraba antes, la sensibilidad y apertura al sufrimiento. Si no presto atención a la experiencia, es decir, si no cultivo mindfulness, no voy a ser consciente del sufrimiento cuando esté presente (ni de la alegría, o la paz, o la ira, o de cualquier otra experiencia), por lo tanto no puede surgir la respuesta compasiva.
Tanto en el trabajo con pacientes como en nuestra vida diaria el primer gesto compasivo consiste en ver realmente al otro y reconocerlo en su humanidad. Y a menudo esa cualidad de atención en sí misma, ese reconocimiento de humano a humano, es capaz de aliviar una buena parte de sufrimiento.

  • ¿Qué beneficios emocionales puede generar esta actitud en los profesionales de los cuidados paliativos?

 La compasión es fundamental en el ámbito de los cuidados paliativos, y es importante tomar en cuenta que cuando hablamos de compasión hablamos en tres direcciones o flujos interdependientes: ofrecer compasión a los demás; saber recibir la compasión de los otros; y poder ofrecernos auto-compasión, que es la capacidad de relacionarnos con nuestro propio sufrimiento con empatía, cuidado y con la motivación de ayudarnos a nosotros mismos en vez de hundirnos en auto-críticas, que es lo que muchos hacemos precisamente en momentos difíciles.
Los profesionales de paliativos tienden a dar mucho de sí pero, en general, no están entrenados en recibir compasión de los otros ni para ofrecerse amor y compasión a sí mismos. Y cuando enfrentamos este escenario, encontramos a muchos profesionales quemados por su trabajo, ya que cuando no sabes recibir de los otros ni cuidarte bien, tu dar va a ser limitado. Las investigaciones nos dicen que cuando estás empatizando todo el día con el dolor ajeno y no tienes herramientas para nutrirte, el cuerpo y la mente se agotan.
Sin embargo, la compasión (y no la mera empatía) actúa como factor protector en quienes lidian con el sufrimiento humano. Para el cerebro, la verdadera compasión es como comer un buen chocolate: activa las zonas de recompensa en el cerebro sin dejar por eso de resonar y comprender el dolor del otro.

  • ¿Y en paciente al final de su vida y los que le rodean?

Para los pacientes y los familiares de cuidados paliativos, contar con un equipo  de salud presente, cercano, empático y compasivo supone un alivio tremendo en la experiencia que están viviendo.
Hoy en día sabemos que  la actitud de los profesionales tiene el poder de aumentar o disminuir el dolor en los pacientes y la angustia en los familiares. En este sentido, el desarrollo de ‘culturas compasivas’ en los equipos de salud es una situación donde todos ganan: disminuye el estrés y burnout de los profesionales, mientras los pacientes y familiares reciben el trato humano que merecen y necesitan.
 Incluso visto desde una perspectiva meramente tecnócrata, la investigación nos dice que la construcción de culturas de cuidado y compasión en los espacios de trabajo, en particular en los servicios de salud, es la mejor opción en costo-efectividad, ya que se maximizan los recursos personales y relacionales.
Por ejemplo, hay investigaciones que muestran que los pacientes paliativos tratados desde un enfoque compasivo (versus tratamiento estándar) disminuyen a la mitad sus síntomas depresivos, tienen una mayor supervivencia media, tienen un final de la vida menos agresivo y el costo de su atención es más reducido.

  • ¿Cuáles son las bases del programa de ‘Entrenamiento en el Cultivo de la Compasión’ que desarrolla actualmente en Granada?

 El ‘Entrenamiento en el Cultivo de la Compasión’ es un programa que integra las prácticas contemplativas tradicionales con la psicología contemporánea. Fue desarrollado en el Centro de Investigación y Educación para la Compasión y el Altruismo de la escuela de Medicina de la Universidad de Stanford por un equipo de contemplativos, psicólogos clínicos e investigadores interdisciplinarios.
La motivación para crear este programa surge precisamente de la observación de que la formación en medicina y el trato a los pacientes se estaba deshumanizando, afectando tanto a los equipos profesionales como a los pacientes.
El programa se basa en prácticas contemplativas que originalmente provienen del Budismo, pero que están adaptadas a un lenguaje plenamente secular, de tal manera que el entrenamiento es aplicable y beneficioso para personas con diferentes trasfondos culturales y creencias religiosas. Esto tiene sentido porque entrenamos cualidades básicas y universales del ser humano: la presencia, la empatía, la compasión y el altruismo.
Personalmente, he enseñado este programa a personas de cinco países y en contextos tan diversos como hospitales, escuelas o centros de meditación. Me he dirigido al mismo tiempo a profesionales, amas de casa, ateos, monjas católicas, practicantes budistas, etcétera, y todas las personas parecen beneficiarse de ampliar y cultivar estas cualidades básicas del corazón humano.
En el programa, la perspectiva contemplativa se complementa con lo que sabemos actualmente de la psicología y la neurociencia de mindfulness: empatía y compasión. Su estructura es un proceso gradual donde se parte de lo más sencillo (la compasión hacia los seres queridos) hasta lo menos intuitivo (la compasión universal, incluyendo a las personas difíciles), pasando por la compasión y el amor a uno mismo. La investigación sobre los efectos sugiere que este tipo de entrenamientos tiene un impacto potente en la vida y en el trabajo de las personas.

  • ¿A quién va dirigido?

Este programa está dirigido a cualquier persona que desee cultivar la compasión hacia sí misma y hacia los demás, incluyendo a padres, cuidadores, educadores, profesionales y técnicos de la salud; terapeutas, servidores públicos y personas en una amplia gama de profesiones y contextos vitales. Diría que el entrenamiento en compasión es algo que debería enseñarse como parte del currículo de cualquier profesión o trabajo que implique relacionarse con otros. Es importante aclarar que no requiere experiencia previa en meditación.

  • ¿Existe en España un conocimiento adecuado de este tipo de entrenamientos? ¿Ve necesaria más implicación de las instituciones en formación y concienciación social?

En España, la gente y las instituciones comienzan a abrir espacios para este tipo de intervenciones. He llegado a este país hace sólo un año y medio y he podido ver que existe una silenciosa revolución de la conciencia en los ámbitos de la salud y la educación: dos importantes aspectos en los que lo que hacemos y cómo lo hacemos depende de la visión del ser humano que tengamos.
Esta revolución parece estar motivada por la necesidad sentida de re-humanizar nuestra mirada.
En educación, por ejemplo, tanto los estudiantes, como los padres y los profesores están agotados por enfrentarse a un sistema deshumanizante basado en constantes evaluaciones y deberes. Es como si corrieran sobre una cinta transportadora sin fin ni sentido.
En salud, tanto los profesionales como los pacientes y los familiares comienzan a estar hartos de tratarse y ser tratados como conjuntos de síntomas y de números en estadísticas. Más y más profesionales de la salud expresan la necesidad de re-humanizar su labor y su relación con los pacientes y entienden que en el proceso necesitan cambiar su relación consigo mismos. Y en este sentido, los profesionales de paliativos que he podido conocer en este tiempo me han parecido particularmente inquietos y pioneros, como es el caso de Enric Benito y Emilio Herrera, por nombrar un par.

  • ¿Qué son las ‘comunidades compasivas’?

El movimiento de ‘comunidades compasivas’ ha surgido en el Reino Unido con la idea de facilitar un cambio cultural en la manera en que comprendemos y nos relacionamos con el proceso de morir. Cuando una comunidad se organiza como una comunidad compasiva, ésta se prepara para apoyar a las personas que están muriendo, implicando en este cuidado y atención a la familia, los vecinos, las organizaciones sociales y las empresas locales.
Es un movimiento muy interesante porque revierte  la concepción actual en la que la muerte es un tabú, algo que se mantiene fuera de la mente colectiva -la cultura-, algo a esconder y a experimentar en privado y en solitario, algo de lo que el sistema sanitario debe ocuparse. Así, mucha gente muere de una manera distinta a la que preferiría.
Por ejemplo, aunque gran parte de las personas optaríamos por morir en casa junto a seres queridos y sin ser expuestos a intervenciones agresivas para mantenernos con vida, lo cierto es que la mayoría de las personas muere en los hospitales.
 Aunque los profesionales de cuidados paliativos son muy importantes en las ‘comunidades compasivas’, en ellas se amplía el foco desde lo asistencial-sanitario a lo social-comunitario, especialmente si la persona desea morir en casa. Los distintos agentes sociales involucrados en una ‘comunidad compasiva’ ayudan a cuidar de la persona que está muriendo a través de pequeños actos compasivos, ayudándole a morir bien y a la familia a sobrellevar el duelo.

  • En el contexto actual, ¿cree que la interiorización de la compasión para afrontar las situaciones se hace aún más necesaria?

La compasión es una actitud existencial y una motivación que puede organizar nuestra percepción de realidad y nuestra manera de influir sobre ella de la manera más constructiva posible. Precisamente en los tiempos en que vivimos, cuando sabemos que nuestra vida y nuestro destino está entrelazado profundamente con las vidas y los destinos de todos los demás, ya no podemos asegurar nuestro propio bienestar futuro sin velar también por el bienestar de los demás. Actualmente sabemos, por ejemplo, que las sociedades más desiguales y con una mayor brecha entre ricos y pobres son más peligrosas, incluso para los más ricos, que las sociedades más igualitarias y en las cuales los derechos básicos de todos son respetados.
El Dalai Lama, uno de los expertos mundiales vivos más importantes en el tema de la compasión, suele decir:

“La compasión no es un asunto religioso, es un asunto humano; no es un lujo, es algo esencial para nuestra propia paz y estabilidad mental, es esencial para la supervivencia humana.”

 
Web Gonzalo Brito Pons: Cultivar la Mente

Expertos abogan por dotar la atención al final de la vida de más humanismo y menos "tecnociencia"

Con el objetivo de contribuir a concienciar sobre el papel que los profesionales sanitarios tienen en promover la mejora de las condiciones en que mueren las personas se celebró una mesa redonda sobre la Deontología al final de la vida, en el marco de las XI Jornadas de Comisiones Deontológicas de Colegios de Médicos. El punto de partida con el que se abrió el coloquio fue el capítulo 7 del Código Deontológico, dedicado, precisamente a este apartado. Sus intervinientes coincidieron en que la atención a las emociones del paciente terminal es clave en la calidad de los cuidados al final de la vida, y abogaron por dotar esta asistencia de más humanismo y menos “tecnociencia”.

La mesa redonda estuvo moderada por Juan Antonio Garrido, miembro de la Comisión de Deontología del Colegio de Médicos de La Coruña, y contó con la participación de Irene Esperón, psicóloga clínica de la Unidad de Cuidados Paliativos del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo; Marcos Gómez Sancho, presidente de la Comisión Central de Deontología de la OMC; y Miguel Ángel Ripoll, médico en el Centro de Salud Ávila Rural, quienes basaron su exposición en sus experiencias difundidas desde una perspectiva pedagógica.

El presidente de la Comisión Central de Deontología de la OMC comenzó su exposición con un repaso la labor realizada en los últimos años la Organización Médica Colegial sobre la atención al final de la vida, a través de un Grupo de Trabajo creado conjuntamente con la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), entre los que cabe destacar:Declaración sobre atención médica al final de la vida (2002);Atencio?n me?dica al final de la vida. Conceptos (2002);Declaración sobre atención médica al final de la vida (2009);Atencio?n me?dica al final de la vida. Conceptos (2009); Declaración sobre cómo dar bien las malas noticias en Medicina (2010);Declaración sobre Ética de la sedación en la agonía (CCD 2009);Guía de la sedación paliativa (2012); Recomendaciones ante el Proyecto de Ley de Muerte Digna; dos cursos de Cuidados Paliativos en línea (FFOMC);Jornadas sobre atención al final de la vida desde la perspectiva humana, médica y jurídica (2012); y una serie de documentos sobre “Los Valores de la Medicina en la Investigación, en la Asistencia Sanitaria y en la Universidad” (2008).

A continuación comentó como los avances de la Medicina han influido en la atención al final de la vida, de tal forma que “se ha pasado del desahucio al enfermo terminal, a la obstinación terapéutica que, por lo general, aterroriza a los ciudadanos”. De hecho, según datos de un estudio norteamericano al que se refirió el doctor Gómez Sancho, “más del 50% de los enfermos terminales murió en una Unidad de Medicina Intensiva con ventilación mecánica y con dolor moderado a intenso; a un 24% se le practicó un intento de resucitación cardiopulmonar; y un 55 por ciento, falleció con sonda de alimentación forzada.

Como recordó el presidente de la CCD, el Código Deontológico está en contra de este tipo de prácticas, tal como reza el artículo 36.2, según el cual: “el médico no deberá emprender o continuar acciones diagnósticaso terapéuticas sin esperanzade beneficios para el enfermo, inútiles u obstinadas.Ha de tener en cuentala voluntad explícita del pacientea rechazar dicho tratamientopara prolongar su vida.Cuando su estado no le permitatomar decisiones, tendrá en consideracióny valorará las indicaciones anteriormente hechasy la opinión de las personas vinculadas responsables”.

Otro de los aspectos abordados por el doctor Gómez Sancho fue la “tanatofobia social” que embarga a la sociedad actual ante la muerte. “La muerte se ha convertido en la actualidad algo privado y clandestino, hay una tendencia a esconderla, la gente muere mayormente en los hospitales y después se la traslada a los tanatorios, ante el incremento de las dificultades de morir en el propio domicilio y la pérdida paulatina de costumbres como la de establecer el velatorio en la casa del fallecido”, según expuso.

En este sentido, este experto señaló que cuando la sociedad retira todos los mecanismos informales que tiene para ayudar a la persona que atraviesa un dueloa superar esa pérdida, se corre el riesgo de que esta situación se transforme en enfermedades, es por ello que nos encontramos ante un problema de salud pública para el que se requiere la creación de “programas de atención en el duelo”.

Por otra parte, se refirió a los posibles efectos que la crisis puede ocasionar sobre los cuidados paliativos, partiendo de los recortes que se están produciendo en todos los ámbitos de la asistencia sanitaria, y es en la etapa final en la que se origina una mayor demanda asistencia y consumo de recursos, ante lo cual, como afirmó, “nos da miedo que la eutanasia acabe abaratándose y desemboque en su legalización”.

A este respecto, anunció una próxima reunión del Grupo de Atención al final de la Vida con el fin de impulsar junto con las autoridades sanitarias un Programa Nacional de Cuidados Paliativos con el fin de poder desarrollar al máximo este tipo de asistencia en toda España, y permita consolidar una buena red de servicios y formación de los profesionales ante una posible amenaza de legalización de la eutanasia. Y es que como afirmó, “la experiencia demuestra que cuanto mejor esté atendido y se le ofrece este tipo de cuidados paliativos, la demanda de eutanasia desciende considerablemente”.

La psicóloga clínica Irene Esperón reflexionó, por su parte, sobrela comunicación como habilidad esencial para la excelencia en la práctica clínica. En este sentido, defendió que la comunicación se ha convertido en una habilidad esencial en la Medicina moderna, la cual ha de obedecer a unos principios bioéticos y establecerse dentro de un marco deontológico propio de la profesión. “Si en cualquier especialidad médica la comunicación es especialmente relevante, cuando se trata de la atención al final de la vida dicha comunicación adquiere una dimensión especial, puesto que los cuidados paliativos se desarrollan en un ámbito de vulnerabilidad humana extrema, donde las habilidades de comunicación han de ser exquisitamente excelentes con el fin de poder minimizar el sufrimiento de estos enfermos”.

Una de las mejores armas terapéuticas, desde su punto de vista, es el equipo interdisciplinar en cuidados paliativos que permitan mirar al ser humano como “un poliedro con sus necesidades y con sus problemas”.

Esperón, defendió, de esta forma, la importancia de “individualizar” la forma de tratar a los pacientes que están en la fase final de su vida. Además, abogó por enfocar la cuestión desde sus distintas caras, para lo que resulta fundamental la formación de equipos interdisciplinares, de modo que se atienda tanto a los aspectos propiamente médicos como a los piscológicos o a los sociales. Para lograr el correcto funcionamiento de este sistema, apostó por establecer un “lenguaje común” entre los distintos profesionales, y lamentó que no haya más formación y cultura en el ámbito del trabajo en equipo.

El doctor Miguel Angel Ripoll, disertó sobre los “conflictos éticos en la atención domiciliaria al final de la vida”, una etapa en la que si bien las buenas prácticas médca no difieren en los distintos niveles asistenciales si tienen algunas peculiaridades. Estas buenas prácticas se concretan, en su opinión, en una buena relación médico-paciente, una adecuada comunicación e información, una adecuación de los procedimientos diagnósticos y terapéuticos al pronóstico y voluntad del paciente, un buen control del estado del enfermo, y un respeto a sus preferencias y valores, así como un correcto apoyo a la familia, entre otros.

En otro momento de su intervención aseguró que en el medio rural, donde él ejerce, aún es relativamente frecuente que los pacientes fallezcan en su propia casa. Sin embargo, como afirmó, “en los últimos cinco o diez años, la muerte se ha alejado del domicilio, porque los enfermos o sus familiares consideran, muchas veces que en él hay deficiencias para prestar atención al final de la vida”.

Aseguró, además, que “el sistema sociosanitario precisa de cambios importantes para dar una respuesta adecuada a las necesidades y demandas de la población en el momento de fallecer”.

Concluyó con la opinión de que “existe bastante margen de mejora en las condiciones en que mueren las personas, ante lo cual habría que ofertarse servicios de calidad tanto técnicos como humanos, adaptados a cada situación particular.

Fuente: MedicosyPacientes.com

Un 20% de los pacientes ingresados en grandes hospitales precisan cuidados paliativos

Un 20 por ciento de los pacientes ingresados en grandes hospitales precisan cuidados paliativos, según ha asegurado el director de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Sant Pau de Barcelona, Antonio Pascual, durante su participación en un curso organizado por la Universidad de La Coruña y promovido por la Dirección de Asistencia Santaria del Sergas.

Allí, el experto ha recordado que este tipo de asistencia integral al final de la vida habitualmente se ha centrado en hospitales socio-sanitarios o de media-larga estancia. “Existen numerosas evidencias científicas del importante alivio ofrecido por los equipos de cuidados paliativos tanto en el domicilio como en el hospital”, ha señalado para recordar que la Sociedad Europea de Cuidados Paliativos “recomienda que existan entre 80-100 camas de cuidados paliativos por cada millón de habitantes, un equipo domiciliario por cada 100.000 habitantes y un equipo paliativo en cada hospital con más de 250 camas”.

De hecho, la Estrategia en Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud estima que entre el 50 por ciento 65 por ciento de las personas que fallecen en España necesitarán cuidados paliativos. “Todos los profesionales que atienden a estos pacientes tanto en Atención Primaria como en hospitales deben estar preparados para ofrecer estos cuidados”, ha destacado Pascual.

Además, ha proseguido, en situaciones de complejidad deben intervenir los equipos específicos de cuidados paliativos. La complejidad viene determinada fundamentalmente por situaciones clínicas difíciles como dolores y otros síntomas intensos, urgencias, crisis de angustia existencial, dificultades para el cuidado familiar o conflictos éticos.

Asimismo, durante la reunión ha intervenido el coordinador de la Estrategia Balear de Cuidados Paliativos y coordinador del Grupo de Espiritualidad de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), Enric Benito, quien ha asegurado que el modelo biomédico que predomina en la atención sanitaria en general, e “impregna” también los cuidados paliativos, se ha centrado fundamentalmente en los aspectos orgánicos de la enfermedad y sólo recientemente está apareciendo un interés creciente por explorar y atender las dimensiones subjetivas del proceso de enfermar y de morir.

“El ‘dolor total’ o sufrimiento, tiene aspectos que no pueden ser tratados y aliviados con los fármacos habituales. El dolor y el sufrimiento nos demandan aproximaciones e intervenciones completamente diferentes. El cambio más importante es descubrir que ante el sufrimiento no hay que actuar, no es algo que podamos resolver con un tratamiento, no responde a la categoría de los problemas”, ha señalado Benito.

Dicho esto, ha destacado la necesidad de que en el entorno de los cuidados paliativos se traten a las personas desde una perspectiva “integral”, facilitando las condiciones necesarias para que intentar que el final de la vida sea “sin dolor” y sin “miedo”.

Fuente: Europapress.es